Las historias de hoy
Bullpot.

John Taylor: Entrevista

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Bullpot
Hoy amaneció nublado y la temperatura se veía tormentosa. Lugger quería intentar localizar la entrada de alguna cueva en la zona de Tlacomitl, y como yo estaba escaso de ideas sobre lo que podría hacer, después del desayuno me uní a él y nos dirigimos hacia la salida Este de Cuetzalan.

Después de una hora de caminar, llegamos a una hondonada, un valle seco que ninguno de nosotros reconoció. El área se veía muy prometedora, cerca de donde nuestra ruta se intersectaba con el valle estaba un gran arroyo, en el que nos podíamos haber concentrado, pero tuvimos que dejarlo porque desafortunadamante estaba bloqueado por un derrumbe. Otra vez los estragos de la lluvia nos hicieron cambiar el rumbo.

Bajamos hasta el valle, para ver si podíamos localizar alguna otra entrada, el tamaño del sumidero nos convenció de que probablemente habría un pasaje más grande bajo el valle. De repente Lugger reconoció el área ¡Era una zona que había visitado en su primera expedición en México! Así que cambiamos la ruta, para tratar de encontrar un área de hundimientos que él recordaba haber visto nueve años antes.

Media hora después estábamos en un área de valles cerrados y, efectivamente, hallamos una depresión que se veía particularmente prometedora.

Mientras Lugger luchaba con un toro verdaderamente irritado, yo me dejé caer con una cuerda en la seguridad de la depresión. Ésta, que es un colapso que va por debajo de un pasaje, tenía una hondonada muy atractiva, hecha por una corriente subterránea. Después de diez trabajosos minutos y cinco metros más, nos encontramos con una roca bloqueando el camino, intentamos pasar, pero en seguida nos dimos cuenta de que necesitábamos una palanca y enormes esfuerzos para quitarla de en medio. De regreso a la superficie, el "Cuetzalan Blues" fue recordado, por lo que decidimos nombrar así este día y regresar al pueblo, un poco decepcionados.

A la mañana siguiente, regresamos con Geordie, a quien convencimos de venir con nosotros contándole nuestras historias de grandes y abiertos pasajes. Al llegar nos encontramos con una magnífica sorpresa: la fuerte lluvia de la noche anterior había removido la roca, despachándola rápidamente con la corriente. Agradecidos con la naturaleza, bajamos por una corta pared de ascenso libre y por un estrecho camino hecho por el agua. Lugger iba a la cabeza, y nos dejó atando nudos en la línea explorada alrededor de unas piedras atoradas.

Aproximadamente a ciento cincuenta metros nos tuvimos que detener en la cima de un pozo, por no tener escalera. Éste medía cuarenta piés-pulgadas y llevaba a una galería con arroyo. Por lo que pudimos ver, hacia abajo había un camino abierto, pero desgraciadamente necesitábamos más equipo, por lo que no tuvimos otra opción que regresar a Cuetzalan ansiosos por volver al día siguiente y continuar con lo que parecía ser una pista significativa.

Paul "Paz" Vale