 |
 |
La gente de Cuetzalan
Aproximarse a Cuetzalan, es empezar a ver gente morena, de rasgos
que nos recuerdan a nuestros ancestros indígenas. Mujeres y hombres
concentrados en sus labores, o caminando con pesadas cargas y pisando
el suelo suavemente, como si temieran lastimar a la tierra con las plantas
de sus pies.
Sus rostros son
serenos, reflejan esa paciencia milenaria del indio que les ha valido
largos años esperando las lluvias, la luna, el sol y la humedad que
levantan sus siembras, que les anuncian la llegada de la cosecha y la
proximidad de sus fiestas.
Cuando los miras
a la cara, te observan con tal profundidad, que sus ojos traspasan los
tuyos y puedes sentirte como frente a un espejo que te habla de lo que
no eres.
Son tan serios
y reservados, no así los niños, que siempre miran con una sonrisa en
los labios y un brillo en los ojos, que no puedes dejar de preguntarte
cuando dejaron de sonreír.
 |
 |
|
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
|
 |
|
 |
| Las
hermanitas de San Miguel |
|
 |
|
 |
 |
 |
 |
|
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
| Niñita
mirando hacia el futuro |
|
 |
|
 |
|
 |
| Doña
Amalia de la vulcanizadora |
|
 |
 |
|
 |